Las vacas amarillas siguen flotando aún por la habitación

Así empieza un relato absurdo -sin pies ni cabeza- que escribí en la universidad. Esos días en los que creía que sería escritora. Una buena, de las que te dejan marca y te empujan a estudiar carreras de letras. Con 18 tienes mucho que contar. Todo es nuevo, todo es bestia. Las normas no son para ti. La vida se rinde a tus pies. Ya no eres una menor. Puedes beber (aunque ya lo hicieras), puedes fumar (aunque llevarás ya años).

La pluma es un sentimiento de la mano. Vive unida a los dedos. Sin querer, la tinta se desliza fría en tus dedos.” me pregunto qué fumaba en esa época. Sería el Katovit? me encantaría que las vacas amarillas siguieran flotando por mi habitación. Pero no es así. Tengo casi 40 años. Me lo repito todos los días. Estoy en fase mantra “ahora empieza tu vida. Esto no es el principio del fin. Los 40 son los nuevos 30”.

Miradas de refilón al espejo para no ver de frente que los años pasan y que dejan marca. Vaqueros ajustados y la raya verde en el ojo. Soy joven. O no.

No siento dolor. No siento nada. Sólo una brisa fresca que entra por mi oreja directa a mi alma” Tal y como señala mi diario esto está escrito en los pinos de la Berzosa. Ay, cuando todo era fácil. Cuando ser egoísta era lo normal. Era lo que tocaba. Cuando todas tus preocupaciones se resumían en tener plan el fin de semana. Y salías de casa un jueves y volvías el domingo. Y la vida transcurría así. Y daba igual no tener dinero. Y las noches servían para esconderse. Para escribir a mano en folios DinA4 con una luz de mierda y un boli big con el final mordisqueado. Cuando te daban las cinco de la mañana escribiendo cosas extrañas, historias perdidas. Algunas historias de maldad y de odio. Supurando un rencor que con 18 años nadie te ha enseñado a tapar, a ocultar.

Esas noches de verano o de otoño, da igual. Abrir la ventana en enero para que entre el frío de la calle. Abrir para que se lleve el humo que se ha condensado en tu habitación después de fumarte el tabaco de tus padres. Sacar la cabeza por la ventana y mirar al cielo. No se escucha nada. Es enero. Hace frío y es de madrugada. Escuchas la radio. Lo recuerdo, te recuerdo. Suena M80. Todavía te escucho. Y nadie te dice ya que te acuestes porque ya no eres un niño. Ni tampoco un adulto. Eres la semilla de lo que serás en unos años. El prototipo de una persona sin definir.

Y de pronto vas a cumplir 40. Y las vacas ya no vuelan en tu habitación, ni son amarillas. Aún así, me sigue gustando abrir la ventana de madrugada. Me gusta mirar el cielo y sentirme muy pequeña pero muy libre. Sigo escuchando de Logical Song y bailo. Esté donde esté. Esté con quién esté.

 

Un buen día

Un buen día todo cambia para alguien. A veces es una ruptura radical con tu vida, como me pasó a mi al mudarme a EEUU. Dejé todo, o casi todo, y empecé una nueva vida como si fuera un colono. No tuve mucha opción, era lo que tocaba hacer y lo hice. Me enfrente a los miedos no pensando en ellos. Poniéndoles cara una vez que los tenía delante. Pero estas rupturas no son las habituales.

Hay otros tipos que dan mucho más miedo. Hay rupturas con lo cotidiano que son más duras de afrontar. Hay gente que termina su vida laboral y tiene que volver a empezar. Y da miedo no saber por dónde ir, qué hacer, valorar si lo que se estaba haciendo estaba bien o no. Es lo que me gusta? Dónde quiero ir? Qué voy a hacer ahora? No pasa nada. La respuesta es sencilla. Tú vales mucho más de lo que te crees, no tienes nada que demostrar, es sólo que no era el sitio adecuado para ti. Sólo échale huevos y sal a la calle.

Y hay otras que duelen muy adentro, las emocionales. Y de pronto lo que nos llenaba cada día, al menos en cuestión de tiempo dedicado, desaparece. Y aparece la soledad, la indecisión y la inseguridad. Vienen otro tipo de preguntas. Esas de Y Si…malas compañeras de viaje que te hacen decir y hacer tonterías porque al final somos humanos -débiles- y cuando sufrimos lo hacemos con el corazón en la mano y la cabeza escondida. De esas que crees que no lo vas a poder soportar, pero sí. Se puede salir, se sale. Creces, cambias y sigues siendo la misma persona pero con otro ánimo. Y un día llega EL NUNCA MAS. Y dices adios a los malos hábitos y las esperas, y a perder los papeles y la paciencia. Se abre una nueva puerta y la otra… pues la dejas bien cerrada.

En el camino, además de las rupturas aparecen otros cambios para otras personas que en el fondo también son rupturas con inicio. Romper con tu vida hasta ahora para aventurarte en una nueva mucho más emocionante. Y de pronto hay una nueva vida dentro de ti que te pide que pongas patas arriba tu mundo. Y lo haces, con miedo e ilusión. Deseando dar la bienvenida a esa nueva personita que no te va a dejar dormir tranquila.

Desde mi sofá, con mi música, os digo que la vida es cambio. Que el cambio da miedo pero que es necesario para evolucionar. Que el miedo es normal, todos lo tenemos dentro, sólo hay que saber reconocerlo y pararle los pies. No es el final, o sí. Es el final de algo pero el inicio de algo infinitamente mejor. Que tú pasado te sirva para tener un gran futuro. Bienvenido/a a la nueva vida. Con copa en mano quien pueda, y quien no, con una sonrisa.

Para los que afrontáis un cambio doloroso, cuando volváis hoy a casa pensando en que va a pasar mañana….adelante, esta permitido sufrir. Mañana será otro día.

Postdata: Yo estoy bien. Melancólica y nostálgica, pero yo soy así. De vez en cuando miro vuestras fotos y os echo de menos. Me acuerdo de los viajes, las fiestas o las cenas con amigos y familia. Soy todo lo positiva que esta cabeza inestable me permite ser. Cuento con que todo eso volverá, aunque creo que yo nunca volveré a ser la misma. Igual que vosotros después de dos años y tanto cambio, tampoco seréis los mismos. Es lo que tiene permitir al destino entrometerse en tu vida planificada cuando tenías 18 años. Nada es lo que iba a ser.

Se os quiere.

https://www.youtube.com/watch?v=h7dYkvy035Q

Here comes the rain, so hold your hat

Una de las cosas más difíciles de estar lejos de tu gente es verlos sufrir, cambiar, vivir sin ti. Pero sobretodo ver como sufren y no poder hacer nada por ellos más que conectarte al móvil solo despertarte y comprobar que todo está bien. Vaya este post por la gente que quiero y a la que no puedo abrazar cuando más lo necesitan.

Os veo desde aquí. No os lo vais a creer pero también os siento. Y siento la soledad, la impotencia y la tristeza que os come por dentro. Desde aquí también puedo ponerme vuestros zapatos. Aunque no sea lo mismo. Por suerte para mi, por desgracia para vosotros y vosotras.

Ultimamente parece que sólo recibís mierda de la vida. Sólo golpes, uno detrás de otro. Os tengo que decir que no siempre va a ser así. Que desde la experiencia sé lo que es bajar a los infiernos y salir. Que de pronto un día te levantas y ha salido el sol. Y no todo es malo. Y ahí viene todo lo bueno. Y vuelve la alegría. Y de pronto estás paseando por la calle y vuelves a respirar. Has dado ese paso que necesitabas dar para dejar los fantasmas del dolor atrás. Ya no miras atrás porque no merece la pena y la vida sigue como tu quieres que sigas.

Quiero decirte pequeña que este momento va a pasar. No sé cuando, pero tiene que pasar. Porque te lo mereces tú y todos los que te rodean. Pero mientras tanto, llora, enfádate. Pégale un puñtazo a algo o a alguien, bébete un vino y acuérdate de la puñetera madre del destino que te está llevando al límite. Mientas tanto, permítete llegar a la frontera de lo racional y emocionalmente aceptable cuantas veces desees. Los que os queremos estamos con vosotros y os cuidaremos mientras la nube negra pasa por vuestras vidas. Agarra el gorro fuerte mientras llueve y ya veremos que pasa después.

No os sintáis solos y solas, que desde aquí (con cambio horario incluido) se os quiere mucho.

Besos y hasta próximo post.

I’m sorry that I’m not like you

“I tried to commit suicide at 16 and now I’m standing here” Con estas palabras recogía Graham Moore, el pasado domingo, el Oscar al Mejor Guión Adaptado por The Imitation Game. Y a mi se me quedaron grabadas. Por muchas razones. No soy homosexual como él. No tengo nada diferente en mi cara o en mi cuerpo. Aparento ser una persona normal pero por dentro, por dentro soy diferente. Cómo todos. Y ahí radica la grandeza de la vida. En reivindicar nuestras diferencias. En respetar las de los otros. En poder decir “lo siento, no soy como tú”y quedarte tan tranquilo. Me impactó mucho cómo le había cambiado la vida y me hizo pensar en lo mucho que ha tenido que trabajar su interior para llegar a este punto de paz y de amor así mismo.

Me encanta ser diferente. Me encanta cuando me doy cuenta de que no puedo enfadarme con los demás por no ser como soy yo. Esto me ha costado mucho tiempo y es un signo de que, en algunos aspectos, estoy madurando. Me flipa que toda la gente que me rodea sea diferente. Que nadie sea igual. Y aún así, los quiero y me quieren. Los que me vinieron dados y los que elegí yo. Todos. Distintos. Y no quiero que cambie. Y yo no voy a cambiar. Soy así y así debe de ser.

Hacía mucho tiempo que no escribía. Soy de esas personas que sus emociones la bloquean. Las tengo que masticar mucho antes de poder expresarlas. Pero ese breve discurso me llegó al alma. Ser diferente tiene que ser lo que te abra las puertas a cualquier mundo. Ser diferente hace que te recuerden, que piensen en ti, que no te olviden.

Por ahora nada más. Un breve escrito, sin pensar. Rápido. Fugaz. Y una canción.

Por qué a mi me cuesta tanto

“Por qué a mi me cuesta tanto decirle que no al placer, pensar como todo el mundo y saber cuándo volver.”

Voy conduciendo por una de las calles habituales en mi nueva vida. Es de noche y estoy cansada. Las luces de Navidad se amontonan en las puertas de las casas, incluida la mía. El festival de la iluminación ya no me altera. Pero suena esta canción de Asier Etxendia y Alaska y sí me afecta, y otras luces vienen a mi cabeza. Las que vas dejando a las tres de la madrugada a medida que avanzas por Barquillo, por la Calle de la Puebla, por la Corredera Baja de San Pablo. Las luces de esas farolas que te van indicando el camino para entrar en el siguiente sitio. La luz que ilumina la puerta del tugurio de turno. Y piensas, debería volver ya a casa. Y aunque sabes que la respuesta es sí, no lo haces. Entras en otro sitio. Y sigues bailando y sigues bebiendo. Y la noche es joven aunque tú cada vez lo eres menos.

“Por qué me resulta extraño decirle a la noche adiós si sé que me hace daño olvidarme del reloj“. Suena esta canción y me gusta saber que en la noche de Madrid no importan los años que tienes, si eres rubia o morena, si eres de aquí (en Madrid todos somos de aquí”). Sólo importa salir, beber y bailar con tus amigos hasta que echen humo tus zapatos. Alargar la noche hasta que no te quede más remedio que volver. Y volver pensando que dentro de poco repites. Que esa noche ha sido muy divertida y que solo se tienen 20, 30 o 40 una vez en la vida.

No tengo tiempo

Y es mentira. Sí tengo tiempo, lo que me falta es la inspiración. Así, sin más. Y también las ganas. No es miedo a la hoja en blanco. Eso no me pasa. Me pasa que no me siento delante del ordenador. Y si me siento es para mirar las cien mil ofertas del cibermonday, greennosecuantos y blackfriday.

Pero necesito expresarme y decir en alto que estos americanos están locos. Que a veces me siento como Asterix y Obelix cuando salen de su pequeña aldea gala. Miro a estos “romanos”y no les entiendo. Quiero ver muestras de humanidad no prefabricada. Pincharles y ver si sangran. Tirar de su Monogram de Louis Vuitton a ver si se asustan.

Quiero saber por qué van corriendo de un sitio a otro. Y por qué están tan obsesionados con sus hijos y su carrera deportiva/educativa desde sus tres añitos. Me pregunto si juegan con ellos o sólo les llevan a actividades extraescolares. Quiero preguntar a una de esas madres si verdaderamente es feliz. Si esa vida fotografiada en la mejor revista de moda le llena de alguna manera. Quiero darles un caña y una tapita y enseñarles a estirar el tiempo en una terraza con los amigos, los nuevos y los de toda la vida. Esos amigos a los que puedes abrazar, que no se asustan por una muestra de cariño. Que no tienen miedo a los gérmenes por contacto y que no consideran los dos besos un saludo exótico. Demostrarles que hay más planes que visitar centros comerciales y que si cogen el coche, en nada pueden estar en sitios muy interesantes. Lejos de su barrio y esas casas a lo Wisteria Lane.

A veces pienso que debería crear un grupo de Reanimación Cerebral para Madres y ayudarlas a despertar. A salir del letargo de la comodidad y de los establecido. Y otras veces me levanto pensando que la que ha sucumbido a su grupo soy yo. Que sólo tengo que dejarme llevar para ser una más. Y correr para llevar a Hija 1 a sus clases extraescolares.

La canción que me inspiró el nombre del blog

Semanas, días antes de mudarme a Chicago andaba como loca buscando una canción con la que despedirme, temporalmente, de la que había sido mi vida hasta ahora. Hablaba con una amiga, María, sobre la maldita canción y hasta pensé que la había encontrado…que era Leaving on a jet plane de John Denver. Reunía muchos criterios para ser la canción. La que subiría a mi Facebook y os diría hasta luego. Quedaría genial. Lloraría de la emoción cada vez que la escuchara a partir de ese momento.

La realidad es que llegó la mañana del 26 de agosto y no me dio tiempo a nada. Entre Hija 1 e Hija 2, las nueve maletas y mi drama personal no pude gestionar el tema “supercanciondedespedida”. Me subí llorando al avión y me baje sobada de tanta pastillita y tanta manzanilla.

Pero en todo momento había una canción que no paraba de sonar en mi cabeza. Que sin quererlo, fue la banda sonora de esos primeros días. La canción que daría título a mi blog y la que me hace recordar que esto va a ser corto, y que tengo que disfrutar de cada momento.

“Sweet melodies, breaking on a sullen ear will endear and bring memories…Sweet melodies”